La 2 arruinó mi vida

O la redimió, quién sabe… El caso es que uno de los episodios que marcó mi pubertad o mi preadolescencia, que no lo tengo muy enmarcado dentro del time-line of my life, fue ver un programa de esos culturetas de La 2, cuando La 2 era TVE2. Probablemente, Metrópolis o uno del estilo. No sé la temática de esa noche, solo recuerdo estar solo en casa de mi abuela, en el salón gigantesco, ante la tele enorrrrme, y asistir a la siguiente escena: un señor, creo que semidesnudo, escupía sobre otro señor, este creo que en pelota picada, acostado sobre el suelo boca arriba. Recuerdo con rotundidad que era bocarriba porque el sujeto A, digamos el dominante, o el escupidor, echaba gargajos, en su mayoría blancos y de aspecto muy consistente, así como para servir de amalgama en una construcción de tipo medio, directamente en su boca abierta. Así que, simplificando, el audiovisual, la performance, el corto experimental o lo que fuera era así: habitación en penumbra, iluminado solo el centro, dos personajes; uno de pie, escupiendo con una periodicidad digna de elogio, y otro acostado sobre el frío suelo, con la boca abierta, cada vez más relleno de ADN salivar del primero.
Petrificado. Anonadado. Estupefacto. Interesado. Intrigado. Excitado. Asqueado. Estimulado. En fin, no sé cómo estaba, pero una mezcla de todos los adjetivos anteriores y otros nuevos que habría que inventar right now. ¿Alguno recuerda semejante pieza de arte? Era como un descarte de una adaptación cinematográfica de Dennis Cooper -pero entonces no conocía al escritor norteamericano con debilidad por los rusos imberbes-. Quizá a partir de ahí decidí ser escritor. Querer serlo. Intentarlo. O, simplemente, escribir.
Para explicar todo eso. Para darle un sentido, encajarlo en el departamento adecuado; o para buscar más de aquello, de lo inexplicable, lo torturado, oculto, marginado.

Imagen de un programa habitual de La 2 que también me ha jodido la existencia.

Puede que de no haber visto esos minutos de videoarte televisado mi futuro, mi presente hoy, hubiera sido completamente diferente. Estaría emparejado, tendría un trabajo estable y satisfactorio, sería un escritor de éxito, viviría en Madrid y saldría los viernes por Lavapiés. Qué asco me da pensarlo. Prefiero seguir escupiendo. Algún día acertaré en la boca adecuada.

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