CINE. "Proteus", de Jack Lewis and John Greyson. Canadá, 2003.

“Proteus” no es una gran película, no es notable ni sobresale excesivamente en ningún aspecto, ni para lo malo, ni para lo bueno. Cuenta, eso sí, una historia interesante desde varios puntos. Habla de un amor prohibido, maldito: primero, por ser entre hombres; y segundo, por ser interracial. El romance comienza de una manera áspera, casi cruel, y avanza a lo largo de los años, de las penurias. Alcanza un breve clímax, una felicidad fugaz pero indiscutible, verdadera, y luego cae hacia el abismo de la sociedad, la justicia y los hijos de puta con los que a todos nos toca lidiar. Aunque quizá lo más interesante de esta cinta, que se deja ver sin resultar pesada, con algunos aciertos -como las taquígrafas atemporales o algunas escenas entre los dos protas- y otros tantos fallos -algunos actores, algunas músicas-, lo más interesante, decía, es que, a pesar de lo aberrante de la premisa (amor prohibido por raza, por orientación sexual) está más de actualidad que nunca. Recordemos que hay muchos países, algunos de los llamados desarrollados, que todavía penalizan “actos” homosexuales. Incluso con la muerte. Por eso nunca está de más ver películas, leer libros, conocer a gente, y esperar que, con un poco de suerte, todos hagamos lo mismo. Que vivamos y dejemos vivir.

Me ha quedado muy poco crítica peliculera, pero qué le vamos a hacer. Pondré unas imágenes por si os pica la curiositá:

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