Zombis, o la insaciable sed de carne

La serie “The walking dead” ha puesto de moda, otra vez, el género de los zombis. Ya lo hicieron, a menor escala, algunas películas como “28 días después” y su continuación, “28 semanas después” (en las que los zombies corrían que se las pelaban, en lugar del clásico caminar arrastrao) y la (hasta ahora) trilogía de “REC”.
El canibalismo y el miedo a la muerte son el caldo de cultivo de estos monstruos faltos de inteligencia a los que la carne humana es lo único que les mueve, aún cuando la vida ha abandonado su cuerpo.

Dicen que el primer zombi fue Lázaro, el de “Levántate y anda”, seguido del propio Jesucristo… Pero la tradición de diversas culturas habla de resucitados y muertos que andan. La de Cuba es una de las más recientes y extensas, relacionada con la extraña mezcla de religión católica y santera que conservan. También es (relativamente) corriente leer noticias sobre un hombre que parecía muerto y “resucita” en la mesa del forense, o en medio del tumulto asustado de un funeral. “No estaba muerto, estaba de parranda”, reza la canción que viene como anillo al dedo para muchas de estas situaciones que rayan lo cómico.

Sin embargo, en las últimas semanas han sucedido casos en Estados Unidos que, más bien, hielan la sangre. Y como soy muy majo y quiero trastornaros tanto como ya lo estoy yo, os los cuento.

El primero. EL COMECARAS.

Imaginaos. Día caluroso en Miami. Por encima de lo normal. Un treinteañero cualquiera, Rudy Eugene, deja a su novia en casa para asistir a las celebraciones del Memorial Day, en South Beach. A la vuelta, sin embargo, su coche no arranca. Aunque le espera un gran trecho, decide emprender la vuelta caminando. Es un paisaje típico de las grandes ciudades estadounidenses, con escasos paseantes y numerosas avenidas. Un cruce de autovías, de puentes, de entramados de carreteras. Es mediodía. Fuera por el calor o por alguna peregrina idea que se cruzara en la cabeza de Rudy, comienza a desnudarse. Se deshace de toda la ropa y sigue andando. Algunos automóviles le pitan con sorna, pero él no hace caso. En una de las encrucijadas, al pasar bajo un puente, Rudy se cruza de manera casual con un vagabundo, Poppo, de 65 años. Sin mediar palabra, se abalanza sobre él. La sombra del mediodía bajo el puente hace que la escena, al menos al comienzo, pase inadvertida para los conductores y para los escasos peatones y ciclistas de la zona. Rudy le quita también parte de la ropa al sin-techo y comienza, de una manera brutal, a comerse la cara del desconocido. El ataque duró 18 minutos y no cesó hasta que un policía, alertado por las llamadas de varios testigos, acude al lugar. Le disparó un primer tiro, sin que Rudy soltara su presa. Tuvo que abatirlo, matarlo.
El vagabundo sobrevivió, aunque desde la boca hasta la frente está irreconocible. No tiene ojos, nariz, labios. Rudy se comió su frente hasta llegar al hueso. Uno de los aterrorizados testigos que dio aviso a la Policía trató de hacer que parase con un grito. Rudy solo se detuvo un momento para “rugir”, según el testigo. Tenía la cara llena de sangre y trozos de carne colgando en la boca.

Circula el vídeo de una cámara de seguridad que captó los 18 minutos del ataque aunque, por fortuna, desde lejos y parcialmente tapado por el puente. También se puede ver en la red la cara del difunto agresor. Tenía antecendetes relacionados con el consumo drogas y se apunta a un malísimo viaje de LSD u otro alucinógeno como posible explicación para el bizarro y terrible ataque. Él, desde luego, no podrá explicarlo.

Segundo. THAT BOY IS A MONSTER / HE ATE MY HEART

No nos movemos de Estados Unidos. En Maryland, y la misma semana que sucedía lo de arriba -en mayo de 2012-, un universitario de 21 años, Alexander Kinyua, confiesa haber matado a su compañero de piso y, luego, comerse su corazón y partes de su cerebro. La voz de alarma la dio el hermano de Alexander, que encontró restos humanos dentro de una palangana de metal en el sótano de la casa familiar. Concretamente, dos manos y una cabeza. Minutos después, al volver el hermano con el padre, encontraron al supuesto asesino lavando la palangana. Los restos humanos ya no estaban.
Ante la Policía confesó haber matado a su compañero de piso con un cuchillo, desmembrarlo y comerse partes de su cuerpo como el corazón y el cerebro. Luego se deshizo de los restos en un contenedor, detrás de una iglesia.
 Solo unos días antes, Alexander había sido detenido por golpear a un compañero de la Facultad con un bate de beisbol y salir huyendo. El ataque fue completamente al azar.

El devorador de corazones.

Tercero. ACTOR PORNO LOCATIS.

La Interpol tiene entre los más buscados a un joven canadiense de 29 años que responde al rocambolesco nombre de Luka Rocco Magnotta. Sí, es un actor porno. De la industria gay, más concretamente. Las autoridades de Montreal creen que es el autor de un horrible crimen. Se sospecha que mató a su amante, un universitario chino de 33 años, y que grabó los sangrientos hechos. Luego lo descuartizó y envió diversas partes del cuerpo por correo a las sedes de los principales partidos políticos de Canadá.

Las últimas pistas le ubican en París. Sí, en París. Seguro que fue en París.

Luka Rocco con mirada angelical.

Sí, ya, este no se comió a nadie, pero bueno, lo de enviar las partes de su novio a los partidos políticos fue un detallazo, ¿no?

Fuentes:
http://www.huffingtonpost.com/2012/05/30/new-face-eating-attack-video-miami-rudy-eugene-18-minutes_n_1555653.html?ref=miami
http://www.huffingtonpost.com/2012/05/31/alexander-kinyua-kujoe-agyei-kodie-ate-brain-heart-roommate-maryland_n_1560149.html
http://www.huffingtonpost.com/2012/05/31/alexander-kinyua-kujoe-agyei-kodie-ate-brain-heart-roommate-maryland_n_1560149.html

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