Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?

Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?
Sexo y religión, el cuerpo desnudo y los salmos bíblicos se unen en “Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?”, una exposición conjunta de los artistas plásticos argentinos Rö Barragán y Sergio Gravier que tuvo un prólogo muy especial hace unas semanas: una intervención urbana que sobrepasó las fronteras patrias y llenó las calles de Berlín, París, Jaén (España), Miami, San Francisco y Córdoba (Argentina) con pegatinas y carteles anunciando una suerte de buena nueva, aunque esta vez no fue Jesús quien la anunciara, sino hombres y mujeres libres de ropa y de prejuicios, con textos bíblicos de fondo. La Nueva Evangelización predicada por Gravier y Barragán no busca fieles, todo lo contrario. Persigue la libre conciencia, el pensamiento ajeno a los dictámenes de gobiernos grandes o pequeños, de autoridades civiles o eclesiásticas.
Pero esa muestra de arte urbano fue solo la avanzadilla, el aperitivo de la verdadera exposición, compuesta por fotomontajes digitales protagonizados por amigos de los propios artistas. Apóstoles sin miedo y sin vergüenza cuya desnudez frontal, trasera, parcial o completa, contrasta con los versículos, pero solo en apariencia, en el primer vistazo: lo cierto es que las imágenes se funden sin violencia en un todo único, en un mensaje claro pero que cada espectador debe leer, incluso escribir.

No debemos olvidar que las Sagradas Escrituras están plagadas de sangre, sudor y semen, aunque luego el catolicismo reniegue de casi todos estos elementos y los sancione, los convierta en pecados, los califique y cree un Infierno para ellos. Y lo hace, especialmente, la Iglesia como institución, anquilosada en enseñanzas milenarias y ajena a los cambios de la sociedad moderna, donde las familias han dejado de ser papá+mamá+hijos, y todas las combinaciones son posibles, si el afecto acompaña la unión. O, al menos, debería ser posible.
Quizá esta oleada de cambios, de novedades, haya arrinconado aún más a la Iglesia, a los gobernantes más mediocres, a los artistas más cobardes, y todos ellos se empeñen en no ver la realidad: que el cuerpo humano, con o sin ropa, es bello. Que no debe producir polémica alguna, rubores ni críticas incendiarias. Con suerte, la exposición de Barragán y Gravier, que se inaugurará esta primavera en Buenos Aires, haga reflexionar sobre las identidades sexuales, sobre la forma en que unos y otros nos vemos. Religiosos y ateos, heterosexuales, homosexuales, bisexuales y transexuales, de derechas o de izquierdas, zurdos o diestros. Personas, al fin y al cabo.

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