CINE. "Perdita Durango", de Álex de la Iglesia. ESPAÑA, 1997

“Voy a aprovechar que ésta es la única escena en la que salgo mona en dos horas de metraje, tiene cojones”.

“Toma culo respingón, os vais a enterar de lo que vale un peine, hijoputas”

Acá va el mejor actor del film.

¿A que te molan mis uñas?

Parece cutre. Lo es.

Gandolfini, hijomior, ¿cómo te metiste en este embolao?

Que estoy mu loco, ¿eh? ¡Que me pongan Yurena!

Rosie Pérez tras salir de la Premiére. “Ay, qué bodrio más grande… Si ya me lo decía mi madre, que me hiciera contable…”

Suelo hacer críticas únicamente de las películas que me han gustado mucho o de aquellas que, aún siendo fallidas, me removieron algo en el interior por un motivo u otro. No es el caso de “Perdita Durango” que, como hace temer desde los primeros minutos de metraje, es un pestiño del tamaño del Peñón de Gibraltar.

¿Por dónde empezamos? Supongo que por el lunar más gordo que tiene el desastre perpetrado por Alex de la Iglesia: su protagonista, Rosie Pérez. Su caracterización es risible. Sale fea, fea. Ese pelo, ese flequillo, esas escenas de acción poco creíbles, dado que mide palmo y medio y tiene pinta de caer al menor manotazo…

Claro que, para caracterización horrible, qué decir de Romeo, el personaje que sobreactúa Javier Bardem. Si por fuera parece ridículo, por dentro, aún más. Para colmo, se dobla a sí mismo como el culo -lo cual suele suceder en el star-system español, remember Antonio Banderas-, y el pobre no puede hacer nada para darle realidad a un personaje que no tiene mucho sentido. Como la peli, vaya.

Supongo, sin embargo, que el fallo central, el que me impide meterme por más de un minuto en la película, es que no trago a ninguno de los protas. Vamos, que quiero que mueran, que se esfumen, que dejen a paso a otros personajes, que pongan alguno de los tropecientos flashbacks (los cuales, dicho sea de paso, no aportan nada, solo minutos, dólares malgastados, interrupción de uan trama ya de por sí inconexa). Si construyes tu guión en torno a una pareja insoportable y carente de carisma, lo más seguro es que te salga una peli infumable.

Inaguraremos, ahora, una sección que, váyase usted a saber si tiene continuidad en las próximas críticas, pero allá va, de todos modos. La voy a titular: MELOEXPLIQUE,OIGA, y básicamente consiste en enumerar las típicas tontunas ilógicas de las películas que te hacen gritarle a la tele o hacer pedorretas mientras expulsas el aire en plan “anda yaaaaaaaa”. En finolis cinematográfico, aquello que, por trama  o
realización, te saca de la ficción.

PERDITA DURANGO´S MELOEXPLIQUE,OIGA:

1. Escenas de sexo, o Antes muerta que sencilla. Para una peli que vende ser rompedora, hardocore, una
versión latina de Natural Born Killers, NO PUEDES hacer los polvos en sujetador, querida Rosie Pérez. Es que te quedas flipando como espectador y visualizas las terribles reuniones entre el agente de Hollywood y el productor español:

– Que no, que no se le pueden ver los pechos.
– Pero es que…
– Que no, que no. Que nos ponen la calificación +18 y no nos ve ni Perry.
– ¿Te justa Phineas & Ferb? A mí me encanta.

2. Balas que explotan. Para una peli de acción, cada bala parece salida de un cañón pirata y estallar en
un globo relleno de mercromina. No sé si me entendéis. Vamos, que no son realistas. 

3. Somos policías, ergo somos tontos. Qué cansino, qué tópico, qué fácil: los antagonistas, los “buenos”, los representantes de la Ley, tienen menos neuronas que yo de resaca. Será fácil para cuadrar el guión, pero hijos míos, luego al verlo da pereza. Mucha.

4. Somos víctimas de un secuestro, ergo somos tontos
. La pareja secuestrada tampoco es el colmo de la personalidad, de la verosimilitud. Sus intentos de escape son pobres, inconexos, completamente irreales. Por poner un ejemplo: huyen a pie por un terreno cubierto de viejos aviones mientras los malos les persiguen en un todoterreno. ¿Qué creéis que hacen? Exacto, salen a campo abierto para que les puedan coger. Estupendo.

VAMOS QUE NOS VAMOS

Y diréis, ¿no tiene nada bueno? Muy poco. Muy poquito. Solo se me ocurren dos cosas: la interpretación de la rubia secuestrada, que a veces, solo a veces, convence. Y el final, por la música y los neones, básicamente, porque la hijaputis de la Rosie ni siquiera sabe llorar. Térribol.

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