SERIE. "Ringer", con Sarah Michelle Gellar. USA, 2011.

Imagino a los guionistas que pergeñaron Ringer, en las reuniones previas, mientras gritaban como adolescentes sobrehormonados y se levantaban, incluso dando pequeños saltitos, para explicar una nueva idea, un nuevo giro que añadir a la trama inicial que colocaba a dos gemelas en un thriller romántico, o algo así. Una mala, muy mala, y otra buena, drogadicta, pero de con buen corazón. Intercambian vidas, una por obligación, huyendo de la mafia,la otra por oscuras razones que ya se irán aclarando. punto de partida. Jolgorio de los guionistas. Va a ser la repanocha, esa es la sensación general. La serie que relanzará, además, a la actriz de Buffy, Sarah Michelle Gellar. Va a ser la pera, Ringer. Ya lo ven. Que se joda Whedon.
Mira, qué moderno e ingenioso es todo, qué radicales somos, que hasta vamos a poner a cada capítulo un título impactante, que será, además, una frase de uno de los personajes en ese capítulo. Que aparezca la palabra zorra en dos de cada tres títulos, que somos muy burros, ¿eh? ¡Que estamos mu locos!
Así imagino las reuniones previas.
Y, aunque desde luego no es la repanocha, la serie no arranca mal. Tiene lastres evidentes, bajones de interés que duran dos o tres capítulos, pero luego, casi para sorpresa de los propios creadores, retoma el vuelo, quizá por pura inercia.
Mas, ay, no es una serie corta. Si la temporada fuera de 12 capítulos, quizá se hubiera salvado con decencia, con honor. Pero tiene 22 entregas de 40 minutejos cada una. Tiempo suficiente para cagarla. Y, ay, amigos, la cagan, y mucho.
Uno de los pesos muertos más evidentes parte del mismo eje central de la trama de Ringer: el intercambio de vida de las dos gemelas. Eso genera ciertas situaciones y escenas que recuerdan, a veces, a Tú a Boston y yo a California (la de Lindsay, ofcors) y otras a Marisol en Río. No sé qué ocasiones son peores. Me refiero a los encuentros entre las gemelas, las dos Sarah-michelles enfrentadas, el Yin y el Yan, que normalmente eran: la mala entra en la habitación de la buena sin que esta se percate, la mira con perversas intenciones, pero siempre se va sin que pase nada. Pero, ¿y cómo se solucionan los encuentros con otros personajes, cómo se mantiene el engaño? Fácil. Con burdos trapicheos de un guión cada vez más maltrecho conforme avanza la serie. Un botón: la mala habla con un personaje haciendo de la buena. Se va. Llega, a los cinco segundos, la buena, la verdadera buena, para hablar con el mismo personaje. Y, oh, CASUALIDADES DE LA VIDA, lleva un abrigo negro, como la mala que acaba de irse, aunque ninguna de las dos ha planeado el encuentro. Pero, claro, era necesario para mantener la narración, así que, como diría Loles León en la serie vecinal de Antena3, puntoenboca.
Lo inamovible es que, con las premisas planteadas, había que ser muy hábil para solucionar las situaciones sin caer en el error ni enfadar al espectador con salidas de tono (remember Lost?). Las cartas tenían que jugarse muy bien, comenzando por los personajes, definidos, claros, meridianos: una gemela yonki buenaza, una gemela pija hijadeputis, un marido de la pija que se enamora de la exyonki pensando que es su mujer milagrosamente cambiada y mejorada, una hijastra metida en continuos problemas por su estupidez intrínseca, y algunos más. Y otros que van cayendo por el camino porque, amigos, en esta serie caen como moscas. Hacia la mitad, habría que ver cuántos personajes han muerto y cuántos han matado a alguien. La ratio per habitante debe ser mayor que en una cárcel siberiana durante la época de Stalin. Un extremo que, lógicamente, roe con paciencia y continuidad hasta hacer mella en el sufrido seguidor de Ringer, seguramente, fiel seguidor de la cazavampiros más famosa de la historia de la televisión.
Stop. No vayamos tan rápido, no hagamos, todavía, leña del árbol caído. Demos un paso atrás y fijémonos en las cosas positivas, en lo salvable de un naufragio que se antoja, ay, inminente.
Como la estupenda selección musical, que incluye a Regina Spektor -con inclusión fugaz y nominal en la serie- y a Adele -antes de su catapulta mundial y estar hasta en la sopa-, entre otros. Otro positivo se lo llevan los finales de cada capítulo, que suelen dejar con la miel en los labios, con el giro de trama o sorpresa que te deja ojiplático -aunque, claro, con tanto capítulo, y tan poca chicha, unas veces funciona, otras, se quedan en pólvora mojada… pero, ea, el intento se les reconoce-.
Play. Personajes.
Están, por un lado, los que no funcionan desde el puto principio de la serie:
La hija/stra, Juliet, mezquina, malcriada, estúpida, rencorosa, voluble, débil, mera excusa de los guionistas para ir dando tumbos con el argumento hacia un lado u otro, según les daba la gana o la (corta, a ráfagas solo) inspiración. Mezclada con drogas, alcohol, sexo, denuncias de violación, madre problemática, eterna promesa de redención, ansiosa por encajar en el tópico más grande y sonrojante de happy family: papá, mamá, niña. Tremebunda, primera opción para un psicokiller que, mucho nos tememos, no llega a aparecer.
Y los que chirrían conforme la trama se desbanda. Son, digamos, las víctimas ionescasdel fuego colateral. En este equipo encontramos:
A las dos gemelas protagonistas, una, entre el París más cromado sin pudor alguno de los últimos decenios, la mala, Shiobhan, y otra, en el New York más elitista y repulsivo desde Gossip Girl, Bridget. Al principio, su duelo de personalides funciona, y la tensión que se logra en el espectador por un previsible clímax entre ellas, es suficiente para que todo marche, al menos, de manera aceptable. Con los minutos y las horas y las semanas y los meses y los embarazos y los amantes y las estafas y los intentos de asesinato, la dualidad nos acaba importando un pito, solo esperamos, de hecho, un pito: el del árbitro al final del partido. Sin prórroga, penalties ni mierdas.
El agente del FBI, poético Machado, aunque al principio es un tocapelotas para la prota (la gemela buena, con la que va el espectador), denota una honestidad y fijeza de horizontes vitales que acaba por agradar, pero… Tampoco. No cuaja. No es culpa suya, quizá, sino de todo lo que le rodea.
En fin. Para resumir, digamos que no es una serie de mierda, pero, desde luego, no pasa nada si nunca llegas a echarle un ojo. O los dos.
Es lógico que, si estiras tanto una trama, el elástico, finalmente, perderá la tensión, se quedará colgando, flácido, por las partes menos pudorosas, las más repulsivas: las del aburrimiento y la falta total de verosimilitud. Y eso, amigo mío, no lo levanta ni la propia Buffy.
Tontadas, spoilers, postdatas y preguntas sin respuesta:
– el penúltimo capítulo, 1×21: la absurdidad raya en la histeria risible. Los guionistas están de vacaciones y han dejado a un grupo de macacos en celo para escribir los diálogos. Aunque, ahora que lo pienso, no creo, los simios salidos lo hubieran hecho mejor. Mi panadero lo habría hecho mejor, mientras hornea y chatea con una cani en la blackberry.
Ah, vale, que las malvadas eran un par de lesbianas. Now i get it.
¿Cuánto tiempo pasan hablando por teléfono o wassapeando? ¿Era necesario, era product placement? ¿Y cuánto tiempo pasa un personaje, normalmente Bridget, explicándole a otro, habitualmente Malcolm, escenas anteriores, para refrescar la memoria de un espectador que se debate entre el sopor, el olvido y el caos absoluto? Eso de “ah, claro, es que ella hizo esto ANTES de que intercambiara su vida, pero DESPUÉS de que Henry, el examante de su gemela ahora desaparecida y que ella cree muerta aunque no lo está, le dijera que…”. Y así, ad infinitum. Aún me sorprendo de que la haya acabado. Me pasa porque tengo la maldita manía de acabar las series y los libros comenzados, aunque sean un peñazo nivel El Quijote.
– Parece que “ringer” significa algo así como “doble” (además de la primera acepción, campanero, que no creo que venga al caso), pero tiene tintes malvados, oscuros, ya que se suele usar para “impostor”, especialmente en argot deportivo, y de ahí, se pasa a “dead ringer”, que sería una cosa que se parece mucho a otra, como dos gotas de agua. Y existe una peli titulada, precisamente, Dead Ringer, con la simpar Bette Davis (¡vetedeivis!) en la que una hermana gemela reaparece en la vida de una ricachona viuda, tras 18 años sin saber del peluquín. http://www.filmaffinity.com/es/film523627.html
Yo, no sé vosotros, pero ya me pica la curiosidad, además tiene un cartel superchulipiruli. ¿Vendrá de aquí la inspiración original? Ah, ¡qui lo sá! Yo, desde luego, no me voy a poner a bucear en internet para averiguarlo, bastante tiempo me ha robado ya esta medianía.
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