CINE. "Destino Final 3", de James Wong. USA, 2006.

Coño, qué sorpresa más agradable me llevé con la tercera parte. Como me pasó con “El Padrino”, en que la tercera me gustó, incluso, más que las dos anteriores. Salvando las distancias de una saga y otra, lógicas pero perfectamente comparables en varios puntos, en “Destino Final”, tras una novedosa -para su estreno- primera entrega, y una digna pero poco reseñable segunda parte, la tercera, la que nos ocupa, logra evitar los pasajes de “cómo funciona el plan de la muerte”, que causaban bajones en el ritmo considerables y metían con calzador personajes accesorios y prototípicos, tipo mensajero de Satán.

Además, mantiene el ingenio de las muertes y mete el acelerador, incluso, en la crueldad de estos decesos, sin excederse en combinaciones de objetos y secuencias de caídas que a veces resultaban más rocambolescas que inquietantes.

 
Por otro lado, Wong y los guionistas consiguen unos personajes y actores con mayor carácter que los de  la segunda, y, encima, ofrece una música más molona, como “Love Train”, que suena más irónica de lo pretendido por la banda al colocarse en los créditos finales. “Destino Final 3” no es, lógicamente, una obra de arte, porque no lo pretende. No todos los días se puede hacer “Jeeper Creepers”. Es, tan solo, puro divertimento. Coño, es cine.

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