MÚSICA. Ricky Martin y el caos del Universo.

Va, hoy me apetece hablar de una de las más intensas muestras de guilty pleasures que atesoro en mi insano interior. Se trata de una (poco conocida) balada de Ricky Martin. Sí, Ricky Martin, ¿qué pasa? ¿Por qué esos caretos? ¿Solo escucháis ópera germánica del siglo XVIII? Bah…

Bueno, yo a lo mío. Que no es que sea un fan de Ricky (ni de lejos) pero, como ya he explicado en alguna que otra ocasión, mis gustos musicales (y culturales, en general… y sexuales, se podría decir) son dispares, y lo mismo me emociono con Rufus W. que me sulibeya And They Will Know Us By The Trail Of Dead o me disloco la cadera bailando Rihanna. De manga ancha, ancha, para resumir.

¿Y qué tiene esta canción de especial, de única, de poderosa, para emocionarme como lo hace? Hum. Pues así, a simple vista(escucha), nada. Probemos una vez:

Está claro que las canciones, en la medida en que te llegan o no, te tocan el alma, el pito o el corazón, tienen que ver, y mucho, con lo que te hacen recordar, lo que vivías en el momento de escucharlas, y demás zarandajas y topicazos. Pero lo que también es innegable es que, al margen de eso, la música debe tener algo en sí, “per se” (que queda mucho más rococó) para que se te grabe a fuego en el cerebro y te obligue a darle al “repeat” y al volumen a todo trapo, a todas horas, a riesgo de que el vecino, el novio o la compañera de piso enloquezcan y te rebanen el gaznate a la mínima ocasión.

Así que, aquí estamos otra vez. ¿Qué encontramos en este jit menor del anteriormente conocido como Bomba Latina, exChé en Broadway y padre orgulloso de dos bebés hiper preciosos? Tiene un bonito comienzo instrumental, ¿no? Como de peli de Disney. Y una primera línea con la que todos nos podemos identificar: “Tal vez será que esta historia ya tiene final”. Es en plan: hala, chicos y chicas, vayan cogiendo los kleenex, porque, si están en esos días, van a sufrir durante los próximos 4 minutines. Otro acierto: llegamos enseguida al estribillo, mientras Ricky nos habla del tempus fugit y la inutilidad de la voluntad humana frente al caos del Universo, la crueldad de las leyes naturales o, simplemente, que la zorra o el cabronazo de turno nos ha dicho eso de “Tenemos que hablar”. El caso es, que llegamos al estribillo. Y, oh sorpresa, “Tal vez” se repite una y otra vez, vamos, que el colmo de la originalidad no es la canción, pero algunos versos tienen su aquel, como eso de “Tal vez se me olvidó que yo te amaba”. Y la voz del puertoriqueño gayer más famoso del globo suena aquí más ronca, tristona y derrotada que la del Rey de España diciendo eso de “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Vamos, que nos pone en situación, nos sumerge en el drama, y nosotros, que somos muy de sufrir, nos regodeamos en la miseria con fruición.En fin, que “Tal vez” es la típica historia de una pareja en crisis, que se quieren todavía, o uno de ellos quiere intentarlo, quizás, pero no, pero sí, pero a lo mejor, que se arrepiente de haber sido un vivalavida, pero que te quiero, amore, no me dejes, que mira ahora qué voy a hacer yo, la noche me confunde, y tantas y tantas cosas.

La producción mola. El vídeo musical no molesta y capta el tono:

Aparte de que, no nos engañemos, verle el careto a Ricky Martin siempre calienta un poco el corasón y lo que no es el corasón.Pero, ay amigos, ya habréis sospechado que esto tiene más miga. Que tenía que tenerla, ¿no?

“- Ay, menos mal, creía que había perdido cinco minutos de mi vida leyendo pendejadas de este imbécil que no llevan a nada”, dirá, aliviado, algún lector. Aunque, para ser sinceros, los has perdido.

Anyway, que me pierdo. La enjundia que le veo yo a la canción, que olisqueo incluso en el vídeo, es que “Tal vez”, por la época en la que fue compuesta/salió a la luz, en pleno ocaso de la estrella mediática de Ricky, cuando los rumores sobre su homosexualidad le asediaban, cuando no conseguía un jitazo al nivel “She bangs” o “Livin´la vida loca” -y empezaba a intuir que no los lograría otra vez-, en ese periodo surgió “Tal vez”. Que ni repajolera idea de si la escribió él o no, que no importa demasiado. Aquí hablamos de interpretasión, de ponerle alma a las cosas, ¿vale? Aquí hablamos de SENTIMIENTOS.

En fin. Se me va. Pero regreso. ¿De qué habla esta canción? De su primer novio. Del primero serio. El que le hizo plantearse, por primera vez en su vida, en su carrera, dar un paso al frente, puñetazo sobre la mesa, y gritar: QUE SÍ, COÑO. QUE SÍ. ME GUSTAN LOS HOMBRES. Y ESTOY ENAMORADO DE UNO. Y ESTOY ORGULLOSO. Todo eso, en plan megaproducción de Hollywood, ante una audiencia primero en shock,luego emocionada, aplaudiendo y tal. Eso es lo que imagino, al oír esto. Lo que interpreto, más bien, porque yo no imagino a ese primer novio de Ricky, sino a mi némesis particular, al que cantaban los planetas aquí:

Añadamos otro apunte, más bien pespunte: este chicote, uno de los personajes del vídeo musical, donde salen varios habitantes del mismo bloque de viviendas, cada uno con su historia de amor/desamor, bien sea pérdida de un ser querido, ruptura de pareja, etc etc. Se supone que este xulasho de ojos melancólicos ha ido a ver el fútbol con los amigotes en lugar de quedarse con su mujersita que llora junto a la cuna del bebé recién nacido, en plan Piquer 100%. Tal que así.

Pero, ay amigos, eso es lo que nos quieren vender. El primer significado, el mainstream, la máscara. El verdadero, el que subyace, es bien diferente. El moreno este que se aparta de sus amigos juligans no está pensando en su esposa, no. Está pensando en colas. En una, concretamente. La de su mejor amigo. Para prueba:
Ya, no es exactamente una prueba, pero vaya frame molón, ¿eh? El caso es que el chico está apartado porque está dirimiendo la posibilidad de salir del armario. De hecho, HAY UN ARMARIO justo detrás de él. ¿Casualidad? No lo creo. Prueba número 2, señoría:
 Aquí se nota claramente la mano de Ricky Martin, dándole la tabarra al director del vídeo para que metiera contenido queer encubierto para ir preparando a sus fans para la GRAN REVELACIÓN.
Pues ea. De todo eso va “Tal vez”. De outing encubierto, de amores irredentos, de los mass media y el ocaso de las carreras de las estrellas latinas ante el empujen de imberbes asexuales llamados Justin y apellidados Bieber. Espero vuestros ácidos comentarios, siempre tan profusos, y vuestras confesiones de Guilty Pleasures, para no ser yo el único que queda mal aquí.

Salud y República.

 

Post dedicado, por su paciencia, a mi compi Ire, que tuvo que escuchar esto en innumerables ocasiones durante nuestros años de convivencia. Ains. Qué morriña.

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