MÚSICA. Grupos que no merecen el escaso éxito internacional mientras bazofias de poca monta triunfan (II): MY VITRIOL

El vocalista es el de la derecha, el que sostiene el aparato.

Qué grupazo, oiga.

Aprovechando que los chicos vuelven con nuevo álbum, tras un paréntesis largo que parecía la muerte de la banda, voy a recomendaros que escuchéis el primer álbum y las caras B de los singles de My Vitriol. Es pop guitarrero de toda la vida, sonido británico, como el de los primeros Suede, con un deje melancólico, casi gótico, con letras profundas pero no pesadas. La voz del cantante (andrógino en su aspecto) suena intensa sin resultar molesta, y las melodías recargadas sin perder frescura. Se pasa del caos, del sonido apabullante, a la voz tranquila, al silencio, a la ausencia. Al ritmo lento, susurrado, solo para volver a los riffs, al estruendo desgarrado. Por eso, algunas veces probaron con canciones instrumentales. El talento les daba para eso y para más.

Os recomiendo:

1. Always your way. Fue una de las canciones que más sonaron (y más se vieron en MTV) de su álbum Finelines. El contenido: siempre hice lo que quisiste. ¿Y pa qué? Pa ná. Hijaputa. #yasítodo.


2. Grounded. Vídeo con estrella incluida, y la idea del eterno retorno. Canción con la esencia de My Vitriol: existencialismo aligerado por unas guitarras potentes y unas melodías que alzan el vuelo sobre el pesimismo vital. Una contradicción que da vueltas sobre sí misma, como la narrativa del vídeo.

3. Infantile. Una de las mayores joyas del álbum de My Vitriol es esta Infantile, que suena sincera, introspectiva; que echaron todos los restos, y los arrestos, para hacerla.


4. Losing touch. Esta es una de mis preferidas. Desde el mismo título.


5. The Gentle Art of Choking. Otra más, con un título curioso: el noble arte de asfixiarse.

Sacaron “Finelines” en 2001. No rompieron las listas de ventas pero sí se hicieron con un reducto de fieles que, aún, los adoramos. Fue su único álbum como tal. Llegaron otros que eran lo mismo ampliado, con caras B, para otros mercados, etc. Ahora, estos días, ultiman su nuevo trabajo. El segundo como Dios manda. ¿A qué coño sonarán? Han pasado doce años, sobre ellos, y sobre nosotros. Miedo me da, pero el miedo, al fin y al cabo, es una emoción. Y de provocar emociones saben mucho My Vitriol.

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