El hombre de Uganda

La fotografía comenzó a circular en Twitter esta semana, después de que el presidente de Uganda aprobara una ley que asegura penas de hasta 14 años de cárcel para los acusados de “homosexualidad”. Si son reincidentes, cadena perpetua.

El texto que acompañaba la imagen resumía (y amplificaba) el horror de la instantánea:  “Homosexual quemado vivo en Uganda tras la aprobación de las leyes anti gays. ¿Dónde está la ONU?”, se preguntaba uno de los tuiteros que más atención acaparó con la noticia.

Horrendo, sea como fuere. El cadáver ardiendo, los espectadores, entre ellos, niños que apenas alzan tres palmos del suelo, en primera fila, mirando embobados cómo surgen las llamas de lo que, hacía unos minutos, era un hombre. En plena calle, en lo que parece una zona apartada de alguna ciudad de Uganda, aunque podría ser Alcorcón, y al lado de una vía de tren. El espectador imagina lo peor: la muchedumbre que acorrala a la víctima, cuyo único delito era ser homosexual -o ser acusado de ello-, que probablemente le dan una paliza, le rocían de gasolina, le prenden fuego. Y, simplemente, a observar. La barbarie.

El tuit de este usuario, al que llamaré “A“, nos coloca, además, en el contexto: tras la aprobación de la ley homófoba en Uganda, sucede este indecente crimen. Acción-Reacción. La comunidad internacional debería hacer algo, la ONU, como reclama “A“.

La que no se hace de rogar es la comunidad tuitera. “A“, que cuenta con más de 16.000 seguidores, tiene mucho éxito con su tuit: más de 8.000 RT y cientos de menciones, además de los usuarios que, simplemente, copian foto y texto y publican la información como si fuera suya.

Yo, en shock, como cientos de personas más, al ver la foto y el texto, también me veo impelido de hacer RT, aunque, antes, me gustaría saber más. En qué sitio fue. Cuándo, exactamente. No por morbo -la imagen da todo el necesario y mucho más- sino porque algo en mi cabeza no acaba de encajar. El hecho de que algo tan horrendo ocurra como respuesta instantánea, como resorte a una ley tan abominable por sí misma, esa relación causa-efecto me parece demasiado fácil, demasiado burda. Soy consciente de los horrores de este mundo y de que cosas así pueden suceder (sucedieron, sucederán), pero necesito pruebas, el relato de los hechos. Algo que sostenga el horror, que lo limite.

Por ello, y tras ver en las respuestas al tuit -todas de desolación, de indignación, pero ninguna con enlaces que me sirvan- pido a “A” y a “B“, otro tuitstar que ha publicado la imagen, las fuentes de la noticia. La respuesta del primero no es muy alentadora. “Soys pesaditos” (sic), comenta, aunque nos da cuatro enlaces para contrastar la información.

A” se queja de que lleva “toooooda” la tarde poniendo las fuentes. “Y mira el número de RT y entenderas” (sic). Sí. Miles de RT.

Poco tiempo después, “B” le pregunta a “A” lo mismo. Aunque él ha publicado la imagen hace horas, al parecer, lo ha hecho sin saber muy bien de qué iba todo aquello. “de donde sacaste la foto?” (sic), pregunta a “A“. La respuesta, las mismas 4 fuentes, que él se apresura a facilitar a los usuarios que se las han pedido, entre los que, también, me incluyo (bajo la cuenta de mi ezine).

Lo malo es las fuentes no hacen sino torpedear la credibilidad de la noticia del supuesto gay “quemado vivo en Uganda”. Uno de ellos es, simplemente, un blog español. Otros tres, websites de noticias africanos cuya veracidad es complicado verificar. Las informaciones son calcadas en todos los casos, y un detalle hace, por un momento, que se me encoja el corazón y piense “es cierto”. Es una referencia: “según revela CNN”, cuenta el texto en inglés. La CNN, paradigma del periodismo serio, internacional. Si lo dice la CNN, es verdad.

Claro que el problema es que las noticias dicen que “lo dice la CNN”, pero, buscando en la web de la CNN, no se halla nada. Ni rastro. En la sección de África, noticias de Uganda, no hay nada sobre un hombre quemado “tras la aprobación de las leyes anti gay”.

Ahora, ya sí, con la mosca detrás de la oreja, me pongo a buscar fotos en google. Algo, os aseguro, muy desagradable. Quemar vivos a supuestos criminales o delincuentes, tras darles una paliza, en plena calle, es una práctica relativamente frecuente en ciertas partes de África. Pero no tardo en encontrar la misma foto en un blog.

http://kevinaloo.wordpress.com/2013/05/23/crime-in-kibera/

Pertenece a un fotógrafo que cuenta la vida diaria de Kibera, una zona extremadamente pobre de Kenya. Bajo el título “Crimen en Kibera”, ilustra, con la foto del hombre quemado, una historia: “this young man was burnt to death by the angry resident of kibera after it was alleged that they were terrorizing the resident who were on their way heading to work. Kibera being a largest slum in Africa, it is faced with many social-economical problem”, relata Kevin. Vecinos enfurecidos por la actitud de este joven que, al parecer, les aterrorizaba en su camino hacia el trabajo y, por eso, le mataron.
Lo más representativo, la fecha: 23 de mayo de 2013.

La foto es, por tanto, de hace un año. Es de otro país. Y no es un crimen homófobo, aunque, desde luego, sigue siendo horrible e injustificable.

Mi primer impulso: alertar tanto a “A” como a “B” de que el tuit que están difundiendo es falso, porque las fuentes no son fiables y existe una entrada de blog de 2013 con la misma imagen, en otro país. La respuesta de “B” es un tanto ambigua:


“Tenemos la seguridad de que está pasando”, dice el tuitstar. ¿Quemar gais en Uganda?

La respuesta de “A” aún la estoy esperando. Ninguno ha borrado el tuit.

—–

Es extraño cómo funcionan internet, las redes. Todo es instantáneo. Tienes la información antes que en cualquier lado. Las imágenes. Sin censuras. Sin la presión de los gobiernos, sin las cortapisas de los grandes medios. Como si se levantara la presa de un enorme río. Claro que, en ese caudal, también se cuelan multitud de informaciones falsas, tendenciosas o no.
La historia de esta foto comenzó, si Kevin Aloo no miente, en mayo de 2013, con un crimen execrable. Pero, antes de este mes de febrero de 2014, antes de la ley homófoba de Uganda, su leyenda falsa ya comenzó a circular en la Red. Lo sabemos por los comentarios que tiene el post del crimen de Kibera.

El 24 de diciembre de 2013 ya corría la noticia de que la fotografía correspondía a “un gay quemado vivo por una muchedumbre homófoba en Uganda”. Ayer, simplemente, se usó el plus de la aprobación de la nueva ley.

Supongo que jamás llegaremos a saber la verdad sobre esa fotografía. Nunca sabremos el nombre de ese “young man”, ni qué hacía para aterrorizar a sus vecinos cuando estos se dirigían al trabajo. Qué demonios, tampoco estamos seguros de que Kevin Aloo sea, en verdad, un fotógrafo de Kenya, del distrito de Kibera. Puede que sea, simplemente, alguien que robó la imagen a otro.

Es difícil no caer en la tentación del RT ante una noticia tan impactante. Una fotografía tan gráfica. Pero, por eso mismo, por respeto a ese cadáver que no se cubre porque, al fin y al cabo, es africano -jamás haríamos RT tan alegremente a un español, ni a un europeo, ni a un blanco, al fin-, por dignidad, hay que asegurarse. Tanto de lo que se postea como de lo que se difunde. ¿Quién fue el primero que publicó la mentira, y con qué intención? Tampoco lo sabremos. Pero ese hombre, con esa muerte terrible, quedará marcado, por mucho tiempo, como el gay quemado de Uganda, la víctima de la turba homófoba, salvaje.

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