SERIES: Colbert, o el culmen de la autorreferencia y lo gay-friendly en Supernatural

El 3×13 de Supernatural (Sobrenatural, en el idioma de Cervantes y Ana Rosa Quintana) arranca como una cachondísima parodia de los programas de misterios y casas encantadas americanos, cual Quijote vs Libros de Caballería. Y lo hace desde el título, Ghostfacers, que rememora aquella otra comedia sobrenatural, Ghostbusters.
Además, ya en los primeros minutos se hacen chistes sobre la huelga de guionistas de Hollywood, y queda claro, desde los créditos, que esto va a ser un capítulo lleno de metalenguaje y chascarrillos internos.
Para confirmarlo, nos encontramos con Colbert, un personaje de la pandilla basurilla que conforma a los Ghostbusters, los cazadores de fantasmas, que es el más tonto de los tontos. Un becario con poca neurona enamorado perdidamente de uno de los jefecillos. Hasta aquí, todo bien. Autorreferencias, ficción dentro de ficción dentro de ficción, y guiños a la audiencia gay que confirman lo gay-friendly que es la serie en sí, con esa pareja de hermanos que coquetean cada semana con la línea que separa el amor fraternal del más puro incesto gayer estupendísimo. Hasta aquí, decíamos, el 3×13 va genial: divertimento en estado puro para sacudirnos, al menos durante un capítulo, de la sorda amenaza que se cierne sobre el destino de uno de ellos.

Pero he aquí, ay, amores, que los guionistas de Supernatural se encabronan y comienzan a meter burradas y algunas de las escenas más terroríficas en lo que llevamos de serie. Que crean a uno de los fantasmas más escalofriantes del repertorio y, de camino, se cuajan una escena gayer hiperbonita, con un Colbert -actor, personaje- extraordinario.

No contaré el final. No me gustan los spoilers, aunque muchos de vosotros estéis ya por la temporada 34. Simplemente quiero reflexionar -en la medida de mis pobres neuronas- sobre cómo una serie transcurre de manera lineal, sin sobresaltos, y el espectador la disfruta, la consume, se encariña con sus personajes. Y cómo, de repente, uno de los capítulos explota. Y supongo que no es únicamente algo que deba atribuirse a sus creadores, a un estado de gracia especial, puntual, de los guionistas, actores, directores. Que también tiene que ver, y mucho, con el estado de ánimo del que lo ve.

Con todo, Colbert, el becario gay enamoradizo de la panda de infelices de Ghostfacers, se ha convertido, desde ya, en uno de los personajes claves de Supernatural. Aunque fuera fugaz, aunque sirviera, tan solo, para ejecutar cuatro chistes (algunos me arrancaron la carcajada) y dos escenas dramáticas quizá destinadas, también, a la risa socarrona. Que, a mí, me emocionaron.

Colbert, si alguna vez voy a la casa encantada, te buscaré.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s