6 razones por las que el Doctor Who clásico mola más

Buenas, whovians. Doy por hecho que todos sabemos ya que la etapa clásica de Doctor Who es la de antes de la (nefasta) película noventera, mientras que la moderna es la que comienza ya en los 2000. Y si no, pues Googlead y Wikead un poquico, amores, que si no se me hace el post (aún más) soporífero.

Al grano, baby. Como firme defensor de la etapa clásica de DW, acá van mis argumentos contra la saga moderna:

1. La acción se estanca en la Tierra

Justo cuando pasan de presupuestos birria y efectos especiales de peli de serie Z a otros mega chupi guay, cuando podían descubrir mundos increíbles, extraterrestres espeluznantes, universos desconocidos… los guionistas de la serie deciden que lo más cool y apañaete es quedarse todo el rato en London. Pues vaya rollo, ¿VALE?

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La acompañante periodista in trouble.

2. El Doctor se humaniza: ama

Y si lo más guay del Doctor era lo raruno, lo extraterrestre en todos los sentidos, frío y cerebral que “adoptaba” a humanos como acompañantes para no aburrirse y echarse unas risas con lo paletos que somos como especie, el nuevo DW presenta a un Señor del Tiempo cuasi adolescente que se enamora de cada chica que le acompaña -hasta que ella sienta la cabeza o muere. Vamos, que se convierte en un pagafantas de toda la vida.

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Que conste que el último Doctor, cascarrabias a muerte, mola.

3. El espectador sabe demasiado: los secretos del Doctor y de los Señores del Tiempo menguan

Hasta el Octavo, más o menos, la información que manejamos los espectadores de los Señores del Tiempo, de sus verdaderos poderes, del pasado del Doctor es escasa y difusa. Con la era moderna, sin embargo, y siguiendo la senda de humanizar al extraterrestre, los guionistas nos regalan varios capítulos -o tramas enteras- en las que aprendemos de dónde vino, qué hizo o dejó de hacer el Doctor en Gallifrey y hasta la pasta de dientes que usa. Para mí, un retroceso. Vale, llamadme reaccionario.

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El Sexto, el Más Odiado quizá -con razón-

4. Caja azul+ Chica mona.

Ya lo dijo Rose -primera acompañante del nuevo Doctor Who post-film-: el Doctor va con una caja azul y una chica mona por el Universo dando tumbos. Se acabaron las interesantes coincidencias de acompañantes de la saga clásica, en la que llegaban a convivir hasta tres personas, humanos o no. Aquí, como máximo, coinciden el Doctor, la Chica Mona y el novio de esta. Vamos hacia atrás, pero de esto hablaré, largo y tendido, en otro post. Sí. Amenazo con.

5. Los efectos especiales mataron a la Radio Star.

¿Mejores efectos especiales hacen un mejor capítulo de Doctor Who? Hum. Puede. Quizá. Probablemente, no. Si es que hasta tenían su encanto los decorados de cartón-piedra de la era antigua, los cables que se ven donde no deben, hasta la cámara que se cuela en los primeros -y míticos- primeros episodios grabados/emitidos en directo.

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Hasta los créditos molaban más.

6. La mejor esencia… en frascos pequeños. Capítulos breves, tramas intensas, resueltas de modo seguro. Casi naif, sí, pero ¿no es parte del encanto del Doctor?

Y una última cosa que echo de menos: esos capítulos de 5, 10, 15, 20 minutos. Que te dejaban con ganas de más, en los que los guionistas construían universos nuevos, razas de las que nunca volveremos a oír, luchas de civilizaciones tan solo para tres, cuatro miniepisodios. Coño, eso era Doctor Who.

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El Tercer Doctor, mi FAV.
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