Lo que leo: “Poesías líricas / El estudiante de Salamanca”, de Espronceda

¡Buenas! Pues como anuncié en Twitter, voy a intentar ir reseñando, aunque sea brevemente, los libros que van pasando por mis manos. Es una manera de mantener más vivo el blog y, who knows, puede ser divertido.

 

Y encontré mi ilusión desvanecida / y eterno e insaciable mi deseo: / palpé la realidad y odié la vida; / sólo en la paz de los sepulcros creo.

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Comencemos con este que acabo de finiquitar, “Poesías líricas – El estudiante de Salamanca” de José de Espronceda, que muchos de mi quinta (es decir, viejunos) habrán leído en el colegio o instituto dentro de la asignatura de Literatura y cuando tocaba aquello del Romanticismo. Yo no estoy seguro, pero si lo hice, apenas me acordaba de dos o tres detalles de la leyenda del estudiante salmantino. De las poesías, la del bergatín, ofcors.

 

Traición sólo ha vencido al valiente / sénos astros de triunfo y de honor, / tú, que siempre a los déspotas fuiste / como a negras tormentas el sol.

 

En líneas generales me ha gustado, aunque la primera parte, la dedicada a sus poesías líricas, se puede hacer algo, no tediosa, sino pelín repetitiva por el estilo del autor, por el tono afectado que, en el siglo XIX, debía de mojar muchas bragas y calzones pero, ahora, se queda entre descafeinado y sonrojante al hablar de amor. No así al tratar el tema de la muerte, de los años perdidos o del tempus fugit, que es donde Espronceda logra, para mí, sus mejores versos, bastante cercanos -¿inspirados en?- a las coplas de Jorge Manrique dedicadas a su padre. También son destacables ciertos poemas bélicos en los que se mezcla el amor romántico con el funesto destino de la España imperial.

 

Españoles, llorad; mas vuestro llanto / lágrimas de dolor y sangre sean / sangre que ahogue a siervos y opresores

 

Pasando al largo poema, o teatro en verso, de El estudiante de Salamanca, la leyenda que nos presenta Espronceda conserva gran parte de su lado tenebroso y, sobre todo, la fuerza dramática, arrolladora de su protagonista. Don Félix se conforma con un explosivo cóctel de cinismo, arrogancia y soberbia; el estudiante arrastra, bajo su fama de donjuán, una desesperación muy humana: la de no encontrar el sentido a la vida, la de querer pedir explicaciones por este vacío existencial a quien fuera: Dios, Diablo, ángel o demonio. Esa fuerza negra empuja al estudiante hasta el final de su desventura que contiene algunas escenas que, casi 200 años después, siguen arrancando un escalofrío.

CALIFICACIÓN: 3  (sobre 5)

 

Ahora lamenta, sí, tierno suspira, / desahogo que dio naturaleza; / que el pecho al suspirar tal vez respira.

 

PLUS: si os pica la curiosidad por el tema de El estudiante de Salamanca, TVE hizo hace décadas, en blanco y negro, una versión con Sancho Gracia y Charo López como protagonistas que se puede ver en Youtube.

¿A vosotros os gustó? ¡Comenten, comenten!

 

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