Poesía quechua (y II): Carlos Mávila

9 años después, la incógnita se resolvió. Alguno de los que me leen y soportan recordarán que, desde hace años, tengo cierta obsesión por la literatura -lo que se haya conservado por escrito o de forma oral- precolombina, en especial por su poesía y prosa poética. Gran parte de la culpa la tiene un poema que me encandiló y al que ya dediqué un post.

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Pues bien, ahora, buceando por internet mientras buscaba otra cosa, encontré un blog que también recogía Puente de Behring, la pieza en cuestión. Y he descubierto que no se trata de un texto antiguo: que su autor es contemporáneo. Se llama Carlos Mávila y ha escrito un libro de poesía, “Raíces y disentimientos”, en el que recogía el poema del que me enamoré y otro más en quechua -el resto, en castellano. Os dejo el otro escrito en quechua, idioma de los antiguos incas, traducido al castellano.

Te ruego no me dejes solo / Amayá sapallayta saqiruwaychu

Nadie ha dicho cosa alguna;
de todas las quebradas están saliendo,
con sus huesos sin carne,
todos esos muertos que caminan:
sin culminar su morir,
voceando, sollozando
llamando a sus ancestros.

Puede que no me reconozcan. Puede que no.
Blanca estarán viendo mi cara.
O talvez los globos de sus ojos,
en esta negra noche sin fin, han muerto
En ese caso, caminaré solo
en esta senda tan ardua de andar.
Cuándo será que se levantarán, ustedes;
qué será lo que están esperando.
Tendrán que hablarme con precisión:
para que no tenga pena de ninguna cosa,

para que no tenga que preguntarle a nadie,
para que yo no muera también.

Aquí, pues, estoy viniendo.
Es tu rostro lo que quiero ver,
es el canto de tu corazón
lo que estoy queriendo escuchar.
Esta noche voy a llamarte.
Te pido no me hagas esperarte en vano.
Te ruego no me dejes solo.

Dicen que los perros están ladrando,
mirando a esas almas.
Cuál será la que me saludará,
cuál será la que me dará su mano.
Tal vez hasta sean mis abuelos,

o mis hermanitas que ya no viven.
Quién será quien viene,
quien estará asustando a los perros.
Aquí mismo esperaré, sin moverme,
aquí mismo detendré a mi muerte.

Estoy viendo tu bello rostro en mi mente,
es tu dulce hablar lo que oigo en mi corazón.
Esta noche te voy a llamar.
Te pido no me hagas esperarte en vano.
Te ruego no me dejes solo.

Intentaré hacerme con el libro, una vez despejada la incógnita sobre la autoría. Curioso cómo funciona el mundo, los prejuicios y las coincidencias: tarde o temprano, la verdad sale a la luz.

Además, le he empezado a seguir en Twitter, para que no se me escape otra vez. Y desde hace unas semanas trabajo en el Museo de América de Madrid: rodeado de piezas precolombinas.

 

 


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