Gojira (Godzilla), 1954: el monstruo que surgió del remordimiento

Las llamadas “pelis de monstruos” japonesas me entretienen mucho. Incluso las malas. Sobre todo, las malas. Por eso me ha pillado un poco fuera de juego este Gojira (1954) o, como le conocemos por estos lares, Godzilla. Tras verla me he puesto a buscar un poco y se trata de la primera cinta protagonizada por este gigante lagarto cretácico que se pirra por aquello de destruir Tokyo, pero no adelantemos acontecimientos… Ni nos dejemos llevar por los prejuicios. Puede que, a pesar de las apariencias, el monstruo no sea Godzilla.

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A ver. Que el argumento va un poco de lo esperado: aparece monstruo en la costa japonesa, empieza a cascar la peña y los poblados y las ciudades se quedan más devastadas que el Corte Inglés en el primer día de rebajas. Hasta ahora, lo normal.

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Pero, ¡eh! Hete aquí que el director no tiene prisa por sacar en pantalla a Gojira. No quiere quemar ese cartucho… y lo mejor es que no lo necesita. Sabe lo que se hace… y sabe lo que quiere contar. Porque esta no es una peli “de monstruos”… o quizá sí, pero no del que pensamos. “Godzilla” (1954) es la bestia infernal que surge del ser humano, del remordimiento de nuestra especie al contemplar la devastación que ha creado para sí misma: las bombas nucleares, las guerras (Japón se está recuperando de Nagasaki e Hiroshima, tratando de levantar cabeza tras la II Guerra Mundial) y las nuevas armas que el ingenio del hombre perpetra sin cesar. No, no me estoy tirando un farol: Gojira surge de las profundidades abisales, donde ha vivido durante millones de años en paz y concordia, porque le sacamos nosotros -unas pruebas con bombas radioactivas le sacan a la superficie, cabreado y con mucha razón. Mata en defensa propia y como venganza: una respuesta del planeta, de la naturaleza, a la agresión continua y despiadada de la raza humana.

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Planteada la premisa, los personajes se debaten entre múltiples caminos, alternativas, debates morales y éticos. El zoólogo que antepone el conocimiento del nuevo animal -el mito hecho realidad- a la propia supervivencia; el científico que tiene un arma tan letal que podría detener a Godzilla… pero que podría ser usada más tarde para las guerras fraticidas; la joven que quiere guardar una promesa a su mejor amigo, pero deberá traicionarle por el bien común; y así, un largo etcétera. Contado así, ¿no parece más bien una peli de Bergman?

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Pero bueno, que no se me asusten los fans del género: a pesar de lo dicho, cumple lo prometido: gritos, destrucción de edificios, maremotos, rugidos de la bestia que escupe fuego a cascoporro. ¿Lograrán detenerla antes de que aniquile a toda la población de Tokyo? Os dejo con la intriga y con unas imágenes del film, que contiene algunos planos bien requetechulos.

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