Las 10 mejores coplas de todos los tiempos. Así, sin vaselina.

En mi adolescencia pasé de escuchar Héroes del Silencio a Concha Piquer sin una causa concreta. No recuerdo cómo llegué a la copla, pero sí supe reconocer en esas letras y melodías lo que hay de verdad en ellas. Supe, de algún modo intuitivo, identificarme con esas historias tan trágicas que, a veces, rayaban el ridículo -pero la mayoría de las veces lo sorteaban, salían triunfantes y redimidas de ellas.

La Copla: la poesía del pueblo.

Conocer a Bambino fue otra piedra angular en mi aprendizaje musical y, por ende, vital. La voz desgarrada, las historias de amores ocultos cobraban nuevos significados -o los aclaraban.

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Por último, ya de adulto, Canal Sur reavivó (en mí, en miles de espectadores) el gusto por el género con su concurso de cante coplero “Se llama copla”, que contó con algunas ediciones bastantes entretenidas y en el que se han descubierto voces y talentos bastante destacables. De ellas hablaré, quizá, en otro artículo.

En cualquier caso, este es otro de esos post facilones -y que no convencerán a nadie- con un ranquin, un top 10 sobre las mejores coplas de todos los tiempos. Una excusa para lanzar a vuestras incautas caras mis canciones favoritas del folclore español, a medio camino entre el flamenco, el cuplé y el pop que luego adoraríamos. Entre la poesía más selecta y las rimas obscenas que nos hacen reír y despiertas los instintos más bajos. Allá va, allá va, sin orden ni concierto, la lista, la decena fantástica.

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– BAMBINO: Plegaria de un fracaso. Maravilla de dos minutos que conjuga versos de belleza dolorosa, la voz en esplendor de Bambino y una urgencia aterradora por querer, por ser querido. Eso sí, no recomendable en momentos de bajón. O sí, si te va la marcha.

 

– MARIFÉ DE TRIANA: La gente. Los rumores, las malediencias, el hablar mal de otras personas a sus espaldas, y el dolor que todo ello puede causar. De eso trata “La gente”, toda una proclama contra los “murmuradores”, los cotillas de toda la vida. La historia: una pareja feliz que se rompe porque “la gente” comienza a propagar el rumor de que ella engaña al novio. “¿Quién es la gente? Maldita es la condición del que no habla frente a frente”. Como diríamos ahora, vaya zasca, vaya bofetada sin mano. “Pero lo que yo más siento es que tú te lo has creído”, dice Marifé. Claro, lo que duele es que tu churri se crea las noticias fake sin contrastar contigo ni nada. No me digáis que esta canción no es actual. Pero vaya, que el tipo se traga los cotilleos y la pareja se rompe. “Ahora sí podéis decir que me sobra el mundo entero”, anuncia la heroína. Vaya frase para enmarcar, de mujer empoderada, de salivazo al mundo que la despreció.

Por cierto, siempre recomiendo echar un “oído” también a la magnífica versión que realizó Diana Navarro en el programa “Se llama copla”, hace unos añitos. No es una artista que me guste especialmente, pero en esa ocasión me llegó al corazoncito.

 

– CONCHA PIQUER: En tierra extraña / Suspiros de España. Mucho hemos tardado en hablar aquí de la Piquer, ¿no? Podría hacer fácilmente un top10 de mejores coplas sin salirme de su discografía (1, 2 ó 3), pero vamos a tratar de hacer la lista variadita.

Así que, “Suspiros de España”, una especie de “canción del emigrante” pasada por el tamiz de la propia experiencia de la Piquer. Una mujer que viajó por todo el mundo y cuyo impacto llega hasta nuestros días, no solo en la música sino en el lenguaje (“viajas más que el baúl de la Piquer”).

 

– LOLA FLORES: Limosna de amores. El arte, el embrujo, el patrimonio inmaterial que irradia Lola al cantar, al bailar, al moverse. Al hablar. La voz rasgada, de mujer que vive lo que quiere y cuando quiere, que se enfrenta a las adversidades con la fuerza de un huracán, como dice la copla. Recuerdo aún cuando le mandé al actor y artista Colby Keller un vídeo de Lola para que me comentara lo que le parecía. Y le encantó aunque no entendía una palabra, claro. Faltaría más.

Respecto a la canción elegida, y aunque mi prefe de Lola Flores es “Perdóname mi vida”, me quedo con “Limosna de amores” por la actuación del vídeo (ESE PELO) y por la letra de esta copla, todo un clásico.

 

– IMPERIO ARGENTINA: El día que nací yo. Es gracioso -y denota la ignorancia de los que así piensan- que la copla fuera considerada durante décadas como un género menor, de consumo fácil. Algo que solo podría disfrutar el populacho, la baja estofa. Música para analfabetos, marujas sin formación ni gusto. Digo que es gracioso porque, a poco que nos paremos a estudiar algunas de estas canciones, nos daremos cuenta, no solo del gusto en la melodía, orquestación, voces que conforman este género musical sino, también, la belleza de unas letras que, en sus mejores ejemplos, conforman historias a golpe de versos complejos, llenos de metáforas entre las que se escondían dobles sentidos. En las que se escapaban de la censura, de la rígida norma social, de la homofobia y el machismo imperantes. Siento la parrafada, pero era una necesaria introducción para una de las coplas más famosas de todos los tiempos y que, creo, debe estar también en la lista de las mejores. “El día que nací yo” narra las desventuras de una mujer que recuerda un amor fugaz, intensísimo, y que se pregunta si sus fracasos estaban marcados por el planeta que reinaba cuando vino al mundo. Como los héroes clásicos de las tragedias griegas, que se resisten a ejecutar el papel marcado por los dioses. Mirando a las estrellas, la protagonista enlaza, además, una interesante (y mega sexual, a mi parecer) estrofa: “el barco de vela de tu poderío / me trajo a este puerto donde se me ahogan los cinco sentidos”. Más tarde se reincide en el sino funesto que la persigue, al que ella sigue tratando de hacer frente: “Estrella de nácar, déjame ser buena”. Redescubrí la canción una madrugada de verano, en televisión, con el embrujo adicional de Imperio Argentina cantando bajito frente a una ventana abierta. La versión cañí de lo que haría unos años más tarde Audrey Hepburn con “Moonriver” en otra ventana, en otra ciudad y país.

 

-CONCHA PIQUER: Con divisa verde y oro. “Vino en un rayo de luna / de luna del mes de enero / era un chiquillo de Osuna / que quería ser torero”. Vaya introducción tras una entrada de orquesta impresionante que ya nos pone en antecedentes del tono trágico de la canción. “En tus ojos se adivina la locura de un ‘te adoro’ / y has de ser como encina, ganadera salmantina / con divisa verde y oro”. Luego, el torero se hace famoso y… ¿qué sucederá? Mejor, escuchad a la Piquer interpretando a la ganadera salmantina para descubrir el final.

 

-ÁNGELA MOLINA/MANUEL BANDERA: Las cosas del querer. “Si tu gente no me quiere / ni a te traga la mía”. El arranque de la canción lo deja claro: estamos ante uno de esos clásicos himnos amorosos de tú yo contra el mundo: contra la sociedad, la familia, contra la lógica y nuestra propia mente. Es decir, que la copla va de cuando te enamoras de alguien con el que no pegas nada, que no tienes nada en común con él or ella y, a pesar de ello -o quizá, por eso mismo- te emperras a tope. Hasta el fondo. Porque, al fin y al cabo, “que no tiene ná que ver / el color ni la estatura / con las cosas del querer”.

He buscado versiones más clasicas del hit de Quiroga/León pero no encontré nada a dos voces y, de todos modos, la versión peliculera de Molina y Bandera es bastante gracioseta.

 

-CONCHA PIQUER: Romance de abril y mayo. Otra cantinela perfecta de la Piquer, en este caso llena de luz, de amor por la vida (y por el sexo, de manera soterrada, por aquello del franquismo, pero oigan, canto al sexo desde luego). “Amante de abril y mayo” es como el chulazo que nos echamos en verano para pasar el rato, esperando no encoñarnos demasiado porque está muy rico y tal, pero los dos sabemos que lo nuestro no tiene mucho futuro. Así que lo mejor es pasarlo bien, forjar bonitos recuerdos y zero regrets.

This copla contiene un verso maravilloso: “Que aprendan todas de mí a querer como las locas”, frase que, aparte de un homenaje en flashforward a la magnífica sonata de La costa brava, se puede leer, hoy día, como una reivindicación LGBTQ. No es una locura total esta tesis, recordemos que el 99,9% de las coplas las escribieron maricones de pro. Auténticos maestros de la composición (en la parte musical y en la de letras) que escondían en esas canciones, cantadas por y para mujeres (aparentemente), dobles sentidos y sutiles maneras de cantar al amor gayer, el amor prohibido. Pero, ey, eso da para mucho… y para otro post.

Por cierto, que esta canción tuvo una infamous versión por parte de una fugaz starlette de la canción electrónica homemade, Perlita DiMaggio, pero no la encuentro por aquí. Si la pillo, la subo.

-CONCHA PIQUER: Cárcel de oro. Aunque he intentado que no el post no sea una retahíla de hits de la Piquer, la mitad de la lista la cop(l)a ella. No podría ser de otra manera, en primer lugar porque es la artista más popular del género y, en segundo, porque fue con ella con quién descubrí -me enamoré- de la copla, con lo que casi todas las canciones me suenan mejor en su voz, con su maner de contar las historias, entre la sutileza y el desgarro teatral -sin llegar nunca a histrionismos-. Creo que es aconsejable la receta Piquer para aliviar las tremebundas historias de traiciones, tragedias, desamores, hijos húerfanos, viudas descarriadas y demás fauna del universo coplero. Pero esto ya es cuestión de gustos, claro. Marifé es mucha Marifé, but not for me, baby.

“Cárcel de oro” cuenta cómo una muchacha se las ve muy felices porque ha dado el braguetazo y se va a vivir a una casa deluxe con su nuevo marido, pero, ay, enseguida se raya, encerrada todo el día en casa, y los lujos ya no le hacen efecto. Así que decide largarse y lanzarse a la aventura, olvidando que el maridito no solo la tenía entre paños, sino que la quería mucho. ¿Cómo acaba el cuento? Hagan sus apuestos…

Pluses: preciosos arreglos orquestales; masoquistas y preciosas metáforas del amor más tóxico ever.

 

– BAMBINO: Cuando el destino/Pobre del pobre. Cerramos la lista con el artista con el que la empezamos, el inefable Bambino. El andaluz hizo una mezcla de dos de sus canciones, Cuando el destino y Pobre del pobre, creando una puñetera maravilla que resume lo mejor de su discografía: desamor, ansia por ser querido, desgarro emocional (y probablemente anal) y una voz que quiebra almas, copas de champán y oídos sensibles.

En esta copla con la que cerramos la lista, y con la que he castigado a mis amigos durante años, se canta cómo el protagonista es engañado o abandonado de manera vil. “Te vas a casar / queriéndome a mí / yo no tuve dinero para haberte comprado mi felicidad”. Más clarito, agua de manantial.

Mejor verso ever: “Yo sé que el dinero cubre los anhelos de tu corazón”.

“¿Qué importa mi amor, si al fin pobre soy, y es mi destino seguir mi camino sin luna y sin sol?”. Eso digo yo, Bambino. Pobres pero honrados. Vámonos a tomar una caña.


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