“El fetichismo es una herramienta muy útil para la literatura erótica”. Me entrevistan en el blog Spanish Gay Fiction a raíz de “Un blanco fácil”

Hace unos días me entrevistaron en el blog Spanish Gay Fiction a raíz de mi libro de relatos “Un blanco fácil”. El texto está en inglés, pero os dejo aquí el original en castellano, por si os interesa.

¡Saludos!


Has escogido el camino de la autoedición. ¿Qué ventajas e inconvenientes le encuentras a esta opción?

R: Al principio era muy reacio. Yo quería ser un escritor de los de siempre: con editorial. Y lo fui durante unos años, con “Armado de impaciencia”, mi primer libro, publicado en 2014 por una editorial tradicional. Y en 2016 una editorial especializada en ebooks lanzó mi novela “Tus palabras sin sentido”. Pero, acabados los contratos, decidí lanzar esos dos libros por mi cuenta. Por un lado, para probar. Y, por otro, para tener más control e información sobre lo que se vendía, cómo llegar al lector, etc. Y la experiencia me gustó, aunque en los últimos meses estoy tramando un traspaso de mis libros desde Amazon a Lektu, una plataforma que parece más amable tanto con los usuarios como con los autores. Mi experiencia con la autoedición y la edición tradicional, en resumen, no ha sido muy diferente: en ambas ocasiones he vendido poquísimo.

¿Cómo fue el proceso de creación de Un blanco fácil? Lo cierto es que has ido añadiendo relatos con el tiempo. Supongo que eso es algo que el formato electrónico te permite, mientras que en el de papel te hubiera resultado imposible o más caro, ¿no es así?

R: Subí el relato que da nombre a la colección como un experimento. La gente lo compró y me animé. ¿Y si añado alguna historia más? Así que rescaté un par de relatos antiguos, y se siguió comprando. Y me dije, ¿y si, por cada compra, añado un relato? Y eso hice, aunque llegó un momento en que el libro se me iba de 20 relatos para arriba así que tuve que parar. Pero me sirvió para armar la colección actual, que se ha quedado con 9 historias (unas nuevas, creadas para el libro) y como experiencia me gustó bastante. Mi idea era que el comprador inicial pudiera actualizar su ebook, pero creo que algunos no han podido hacerlo y Amazon no ha sabido darme una solución. Pero, en cualquier caso, a esos lectores si me lo piden les hago llegar el libro completo. Además, en unas semanas, pondré a la venta la versión en papel, que me la reclamaban un par de amigos.

Vivimos en una época en la que acceder a material visual con contenido pornográfico es fácil y habitual, y la gran mayoría de usuarios lo consumen con el solo propósito de excitarse. ¿La literatura erótica cumple la misma función o juega a distinto nivel? ¿Qué posibilidades le encuentras como autor? ¿Crees que se puede crear una literatura de calidad en este género?

R: En líneas generales, creo que cumple una función distinta. O, al menos, tiene un tempo diferente. Si alguien quiere hacerse una paja, se mete en internet, busca vídeos o fotos. Tiene un mundo ingente de pornografía al alcance. En cambio, la literatura implica algo más del lector, requiere más atención, y no es tan inmediata. Puede servir para excitarle, claro, pero creo que de un modo distinto; quizá más en la mente y menos en la bragueta/bragas. La literatura de calidad es complicada en todos los géneros, y como autor he aprendido a no llorar de rabia e impotencia cada vez que releo algo de lo que he escrito.

Los relatos de tu libro comparten el común denominador del erotismo gay, pero cada historia es de un género distinto: terror, ciencia-ficción, misterio, humor… Es como si con esta variedad pretendieras evitar a toda costa caer en la repetición. En tu opinión, ¿la literatura erótica en general se basa en ciertos clichés que pueden hacerla monótona y mecánica?

R: Tienes razón en que quería evitar que los relatos fueran una sucesión de clichés y escenas manidas: se encuentran, follan, fin; se encuentran, follan, fin. Mezclar géneros dentro de la base común de la erótica me resultaba mucho más ameno como autor y, espero, que resulte también así al lector.

¿Hay algún autor o libro de género erótico que te haya servido de referente en tu formación como escritor de esta literatura?

R: No suele gustarme leer el género erótico, al menos, el estándar. Recuerdo, en cambio, que Las edades de Lulú me pareció genial, y también la obra de Marguerite Duras, Henry Miller… Pero no sé si pueden considerarse escritores de género erótico. Quizá sí, en algunos casos. ¡Ah! Espera, se me olvidaban: el Marqués de Sade, gigante y perverso hasta un grado doloroso; Dennis Cooper, mi escritor favorito (vivo), y Jean Genet, mi escritor favorito (muerto).

Siendo como eres un escritor de literatura erótica gay, podrás decir si tiene un público amplio o minoritario. ¿Tu obra compite en el mercado al mismo nivel que la literatura erótica heterosexual?

R: Mi obra no se vende. Si dependiera de las ventas de mis libros habría muerto de inanición hace años.

Hay a quien le excitan los trajes; los hay que se pierden por los uniformes… En el caso de Un blanco fácil, el leitmotiv del deportista y su parafernalia (i.e., pantalones cortos luciendo piernas velludas, por no hablar de la raqueta del relato “El tenista yugoslavo”…) es casi omnipresente en todos los relatos. Tampoco dudo que sea un fetiche personal del autor. ¿Crees que el fetichismo es una herramienta que ayuda a crear literatura erótica? Sé que preguntar esto es como esperar una interpretación del sentido de la vida, pero ahí va: ¿cómo explicas que la excitación que provoca en algunos un objeto o una prenda pueda ser incluso mayor que la del propio cuerpo de la persona deseada?

R: El fetichismo es una herramienta muy útil para la literatura erótica, o puede serlo, desde luego. Aunque, al margen de lo que pueda parecer, soy muy poco fetichista. Prefiero el cuerpo al objeto.

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Corrigiendo el borrador de mi novela “Oculto”, en Madrid.

El relato que da nombre al libro juega en clave con los nombres de futbolistas famosos y de un equipo en concreto, y ahí radica gran parte de su diversión. ¿A qué crees que se debe que a estas alturas ningún futbolista de élite haya confesado públicamente ser homosexual? ¿Fue la razón por la que te decidiste a escribirlo? Sin hacer falta que des nombres, ¿sabes de algún caso concreto?

R: Es una pena que ninguna primera figura del fútbol masculino actual haya hecho pública una condición sexual diferente de la hetero. Los esponsors y los equipos de fútbol tendrán gran parte de la culpa, así como el carácter retrógrado de algunas aficiones (al menos, de las voces predominantes que salen en los medios). Pero la opción indivual, la valentía de cada uno por mostrarse como es debería ser suficiente aliciente. Es muchos otros deportes hace DÉCADAS que profesionales de élite salieron del armario, sirviendo de gran ejemplo para generaciones de fans de todas las edades. En una sociedad que le da tanta importancia a ciertos deportes, que mueve tanto dinero y publicidad, que un futbolista del máximo nivel se atreviera a dar el paso sería crucial. No sé de ningún caso, más allá de ese famoso caso de la portada de la revista Zero, hace años, que tenía a un futbolista preparado para salir del armario pero su club, finalmente, se lo impidió.

¿Fue tu condición de seguidor del Barça la que te llevó a sugerir nombres de jugadores del equipo rival? ¿Consideras que es una forma de humillarlos, de reírte de ellos? A ese equipo se le ha solido vincular con una ideología conservadora…

R: No me gusta reírme de alguien tachándolo de gay, me parece una actitud homófoba y contraproducente. La teoría de “los homófobos son gais reprimidos” tiene mucha homofobia latente y no ayuda nada a la causa lgbt. Pero dejando eso a un lado, te diré que la razón por la que escogí jugadores del Real Madrid para el relato “Un blanco fácil” fue de lo más banal: simplemente, me gustaban más físicamente. Al menos, los de los años 90 y principios de los 2000. Además, me hacía gracia el doble sentido de “blanco fácil”. El relato fue escrito para una página web en la que los usuarios fantaseaban con los futbolistas más buenorros del momento y hasta escribían historias (en su mayoría, pornográficas) sobre encuentros en los vestuarios, en las duchas, etc. Material masturbatorio, en resumen. Hace un par de años, buscando otra cosa en el ordenador, me topé con el documento y se me ocurrió subirlo a la red.

El relato “Homo sci-fi”, en el que el personaje femenino es una voyerista que se masturba contemplando la relación sexual entre dos hombres, me ha hecho recordar una tendencia dentro de la literatura erótica en EE UU: literatura que relata relaciones sexuales entre hombres escrita por mujeres y consumida principalmente por mujeres. ¿Qué razones das tú para que esa tendencia no se haya repetido en nuestro país?

R: No tengo ni idea, sinceramente. Me parece un tipo de literatura interesante que me recuerda al yaoi y el bishonen, el cómic japonés erótico y romántico protagonizado por chicos gais y consumido en gran parte por chicas jóvenes.

En relación con el relato “El cuarto de la plancha”, donde vemos cómo un chico gay convence a otro chico heterosexual para practicar sexo, la imaginación ayuda a romper la barrera de las etiquetas homo y hetero. ¿Eres de los que piensan que, en realidad, todos somos bisexuales?

R: Creo que la personalidad, la cercanía con una persona es muy importante en la atracción sexual y, en ese sentido, puede llegar un momento en el que la barrera que quizá cada uno se pone a sí mismo sobre lo que le atrae y lo que no, llega a difuminarse.

En “Con-tacto” describes una situación que el cine y la literatura han retratado en numerosas ocasiones: la de la persona que es manoseada por desconocidos en el metro. ¿Te ha pasado alguna vez? En caso afirmativo, ¿cuál ha sido tu reacción? Y a la inversa, ¿alguna vez has aprovechado esa situación para meterle mano a desconocidos? En caso afirmativo, ¿cuál fue la reacción de los desconocidos?

R: Sí, me ha pasado alguna vez, pero me ahorro mi reacción. A la inversa no.

En relación con el relato “Hermanos”, ¿has conocido algún caso semejante en la vida real? ¿Sentirías rechazo hacia una pareja de hermanos que lo fueran también en el sexo? ¿Crees que la sociedad actual está más preparada para aceptar ese tipo de relación, o debería seguir estando vedado?

R: No. / No sentiría rechazo, trataría de conocerles, aunque sin duda estaría algo incómodo o curioso por cómo lo habían vivido. / Creo que es un asunto bastante tabú aún, al menos en nuestra sociedad.

Cuando se dice del protagonista de “El colgante” que, al acostarse con su amigo, «lo que más le gusta es su pureza, que no hay nada artificial en él. Nada que lo rodee, que comprima su cuerpo, no hay relojes, ni collares, no hay pendientes ni maquillajes…», ¿es una declaración de principios del propio autor? ¿Es la razón por la que prefieres las relaciones homosexuales? Y en términos generales, ¿crees que es razón fundamental por la que algunos hombres prefieran las relaciones homosexuales?

R: No, no suele haber declaraciones de principios mías en lo que escribo. Al menos, no tan explícitas. Las habrá, seguro, pero no de un modo intencionado. En la cita que incluyes de “El colgante” quien habla es el personaje, que parece tener una visión bastante limitada de la realidad que le rodea. Quizá una visión machista o, cuanto menos, patriarcal. Unir el artificio con la imagen de la mujer es algo absurdo y nada nuevo: se hace desde la Antigüedad, casi desde el pecado original. Y a la pregunta de si “prefiero relaciones homosexuales”, no es una cuestión de apetencia o preferencia. Es de lo que soy y lo que siento.

Trabajas como vigilante de sala en un museo. Si un día cualquiera se te planteara una situación como la que se describe en el relato “Artistas terroristas”, ¿cuál dirías que sería tu reacción? ¿Alguna vez has vivido una situación análoga, o lo suficientemente surrealista como para contar aquí?

R: Las personas que trabajan en contacto diario con el público saben por experiencia que se viven situaciones surrealistas, y que se conoce a individuos que darían para, como mínimo, un relato o un cortometraje. En “Artistas terroristas” traté de conjurar un miedo recurrente: que los visitantes, en un rapto de locura, traten de dañar las obras expuestas. Aunque, en mi historia, lo hagan de una manera tan peculiar. Yo, en ese caso, reaccionaría como casi todos, supongo: asustándome y llamando a Seguridad por el walkie.

Te propongo algo que parece tabú en la literatura erótica (al menos en la que he leído hasta ahora): ¿te atreverías a retratar a un hombre sexy con un pene pequeño, y que esto no fuera visto como algo negativo o problemático? ¿O va en contra de tu religión?

R: Hombres sexis con penes pequeños, y hombres sexis sin abdominales, y hombres viejos sexis. Hay muchos tabúes, muchos prejuicios, y hay que derribarlos no solo en la literatura erótica. No solo en la literatura en general, de hecho. En la vida real, también. En cómo nos relacionamos con los demás.

¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?

R: He terminado una novela de vampiros con mucha purpurina y mucha sangre que está ahora en manos de unos lectores beta. Si todo va según lo planeado, saldrá después del verano. Está por ver si a través de alguna editorial o autopublicado, en cuyo caso sería en Lektu. Estos días de cuarentena, además, he retomado otra novela que tenía empezada. Trata sobre una investigación policial y periodística de asesinatos en serie en una pequeña ciudad dominada por corruptelas. Espero terminar el borrador entre este mes y el que viene. También durante el confinamiento he finalizado el guión de una webserie que podríamos comenzar a rodar durante este año. Y sigo con mis dos blogs, Armado de impaciencia y Gayumbos Ezine. Y continuaré subiendo material inédito a Lektu.


“Un blanco fácil” está disponible en Amazon y Lektu en ebook. Y, pronto, también en papel…


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