El blog ‘Ecos y tinta’ analiza con cariño mi novela “Tus palabras sin sentido”

Hace unas semanas el blog Ecos y tinta publicó una extensa, minuciosa y amable reseña de mi novela neovictoriana “Tus palabras sin sentido”. En este post repasaré algunos fragmentos de la crítica que, a veces, profundiza más en el trama y lo que rodea a la obra que yo mismo como autor.

La ambientación es exquisita, las descripciones son muy minuciosas y realistas y el lenguaje está perfectamente adecuado a la sociedad inglesa del momento. Y es que la novela bien podría haberse publicado a finales del XIX, pese a haberse escrito en los albores del siglo XXI. El tratamiento de los personajes está muy cuidado, absolutamente todos y cada uno de ellos sufren y evolucionan, alejándose así de algunas piezas victorianas, donde según qué personajes ―generalmente los villanos― eran planos.

Me hace especial ilusión esa alusión al tratamiento de los personajes aunque, visto ahora, tantos años después, encuentro muchas flaquezas en mi novela.

El poder de las palabras juega un papel fundamental. Estas son las artífices del cambio, el motor de la historia ―concepto de literatura como arma―: esto se evidencia claramente en los tres bloques de la novela. Por su parte, la trama está perfectamente hilada y trabajada; el autor capta enseguida la atención del lector, convirtiendo Tus palabras sin sentido en un libro endiabladamente adictivo. Y al igual que en toda buena novela, el final queda abierto, dejando al lector el poder de construir su propio desenlace.

Sí, la reseña es demasiado amable, ¡pero os juro que no le he pagado!

Antonio Heras pone especial énfasis en la decidida voluntad de los protagonistas por ser libres, por poder amarse. Y es que el tema central de la obra no es otro que el amor ―como generalmente sucede en los escritos de juventud―, y el autor lo expresa como un ideal del Romanticismo, un concepto que pervive en la novela gótica victoriana. Cuando la pasión despierta, es imposible acallarla, y eso conduce al dolor, al sufrimiento y a la rebeldía. Es, por tanto, un amor que mueve el mundo, sangrante y lacerante como el de Goethe (Las cuitas del joven Werther), o bien un amor eterno, que perdura más allá de la sepultura (Emily Brontë y sus Cumbres borrascosas). Pero para que dicho sentimiento triunfe, la pareja deberá enfrentarse a los férreos principios imperantes en la sociedad, rebelándose. Dicha rebeldía es palpable en la contraposición de los conceptos campo-ciudad, donde el campo equivaldría a la libertad de un mundo sin reglas, mientras que la ciudad representaría la sociedad rígida e intolerante.

Se nota, aquí y en todo la crítica, que el autor del blog es, también, escritor. Y un apasionado lector. Otro día os hablaré de su novela, que es muy entretenida y tiene curiosos puntos de encuentro con la mía. Y termino esta entrada con el párrafo final de la reseña, con un mensaje más necesario que nunca.

Pueden pasar los años y los siglos, mejorar el bienestar y la tecnología, pero ¿en realidad ha cambiado tanto la sociedad? Pese a la oscuridad que nos revela la respuesta a esta cuestión, no hay que dejar de luchar por lo que uno siente. La felicidad, independientemente de todo, se halla en el ahora, no en un futuro, sociedad y lugar concretos. Al final todo depende de nosotros, de nuestras ganas de vivir en libertad.


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