Lo que leo: “Trazos de sangre”, de Poppy Z. Brite

Larga, repetitiva novela con unos personajes cuasi adorables y algo sadomasoquistas, tanto en lo físico como en lo mental, en la que echo en falta más fantasmas (mis expectativas sobre Poppy) y menos dramas. Menos amor adolescente novelero (cuánto empalago) y más acción, comedia o, simplemente, trama.
Tiene algunas descripciones bellísimas, y algunos personajes se hacen de querer -aunque actúen como autómatas o, directamente, idiotas.

Creo que gran parte del problema con “Trazos de sangre” lo tengo yo. A mis 41 años, estos amoríos adolescentes no me emocionan. Seguro que, si lo hubiera leído con 16, me habría flipado. Además, la novela es muy de los 90 (publicada en 1993, acabo de consultarlo), y tanto el lenguaje informático como algunos aspectos culturales que se mencionan en ella han quedado algo desfasados. No en plan, ay qué nostalgia, sino en plan, ugh.

Con todo, no es un mal libro. La idea inicial me gusta y, como dije antes, algunos pasajes son intensos y bellos. Recuerdo, por encima de todos, una escena adonina: uno de los protas llega a una cafetería y se siente observado por un anciano que toma café. Entonces, asistimos a un recuerdo del anciano: su juventud, lastrada, condicionada por los viejos tiempos. Dura solo un par de párrafos pero emociona más que un tercio de la novela.

También me gusta cómo carga contra Eduardo Manostijeras, aunque es una de mis pelis preferidas de Tim Burton.

Esperaré a leer más del autor para formarme una opinión más fundada. En cualquier caso, hay que destacar la bonita edición española a cargo de La biblioteca de Carfax. No será el último que me pille de ellos.

He visto que gustan mucho entre los lectores los encuentros sexuales (entre delgados y sexis jovencitos) y, bueno, tras leer las de Dennis Cooper o Jean Genet poca sorpresa me deparan. Pero si, son interesantes. Me quedo con esta imagen:

Sus pestañas eran pelirrojas y oscuras, y un entramado de venas de un lavanda pálido recorría la fina piel de sus párpados. Zach se imaginó besando esos párpados, sintiendo las sedosas pestañas en sus labios, el secreto movimiento enjaulado del ojo debajo de su lengua…

Trazos de sangre, de Poppy Z. Britte

“El secreto movimiento enjaulado”. Esto sí es maravilloso.


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